Ruta Trail. Por Granada. De la Alpujarra a la Costa Granadina
Escrito por Miguel A. Fernández el 18/08/2018 en Motos, Rutas y viajes
La Alpujarra es una región histórica de Andalucía que se encuentra dividida entre las provincias de Granada y de Almería, consiste principalmente en una serie de valles y barrancos que descienden desde las cumbres en las faldas de la ladera sur de Sierra Nevada.
Es una de las zonas de Europa con más superficie protegida jurídicamente, tanto desde la perspectiva ambiental como histórico-patrimonial.
La comarca de la Alpujarra Granadina se caracteriza por su accidentado relieve, y en ella se encuadran importantes cumbres, destacando el Mulhacén, el más alto de la península Ibérica, al que se encarama la localidad de Trevélez, desde donde iniciamos nuestra ruta de hoy.
A 1.476 metros de altitud, Trevélez, uno de los pueblos más altos de España, disfruta de un aire fresco y limpio. Los tres barrios que conforman el casco urbano: alto, medio y bajo, se articulan en armónico descenso hasta las orillas del río Trevélez, donde abundan las truchas.
La mirada del viajero tiene el límite blanco de las crestas de Sierra Nevada y los fragosos barrancos, pintados siempre por el verde de la vegetación, y goza también de la característica esencial que define la imagen de lo alpujarreño: una arquitectura singular en sus viviendas, perfectamente adaptadas a lo quebrado del terreno y a la climatología de la zona, que se ordenan en estrechas calles donde perdura la memoria de su pasado morisco.
Comenzar una ruta que nos llevaría hasta las playas de la Comarca de la Costa Granadinaen tan emblemático lugar, pasó previamente por el disfrute que nos proporcionó una vez más la oferta hotelera de Ruralka, en esta ocasión, el hotel elegido fue el Taray Botánico, en la población de Órgiva, dentro del recorrido que habríamos de realizar al día siguiente.
En plena Alpujarra y a medio camino entre las cumbres de Sierra Nevada y la Costa Tropical, desde el Hotel Taray Botánico disfrutamos de unas espectaculares vistas hacia la Sierra de Lujar y el Valle del Guadalfeo, algunas de ellas, sentados en la terraza de su estupendo restaurante, en el que cenamos, atendidos en todo momento por un profesional y agradable personal.
El escritor inglés William George Clark, a su paso por Mairena en el año 1.849, narra en su libro “Gazpacho o los Meses Estivales en España” lo siguiente: “Mis lectores deben perdonar mis continuas referencias al tema del avituallamiento, pero es que, verdaderamente, el cabalgar por estas montañas abre un apetito desconocido para las personas que están ocupadas en los trabajos normales más sedentarios de la vida”.
Y lo cierto es que Clark ni mentía ni exageraba. A primera vista, esta sugestiva comarca puede parecernos parca y severa en los temas del condumio, nada más lejos de la realidad, ya que la gastronomía alpujarreña basada en los productos agrícolas y ganaderos que se dan en la zona, ofrece una variedad y calidad gastronómica fuera de toda duda.
Sin duda, el jamón de esta comarca que goza de más fama y reconocimiento es el de Trevélez, pero en todos los pueblos limítrofes por encima de 1200 metros (Capileira, Bubión, Pampaneira, Pitres, Pórtugos, Busquístar, Juviles, Bérchules…), se curan perniles de exquisito aroma y sabor.
Las condiciones climáticas de la falda sur de Sierra Nevada, con doble influencia de los vientos, unos provenientes de las cumbres y otros que llegan desde las cercanas costas mediterráneas, propician el desarrollo de la flora microbiana necesaria para la perfecta curación del jamón.
Aquí, cada pueblo tiene “plato propio”, como la olla gitana, de Trevélez; se elaboran quesos con leche de cabra y oveja y el plato alpujarreño es una de las comidas más pedidas en los restaurantes por su sencillez y por que engloba en un solo plato los productos más representativos de la comarca, la morcilla, el cerdo de Orza, longaniza, papas a lo pobre y por supuesto, jamón serrano de la Alpujarra.
De realizar la ruta con una Maxi Trail, y salvo que nuestra envergadura y confianza con este tipo de motos sea idónea, la ruta ideal es salir desde Trevélez en dirección hacia Busquístar, Pitres, Pampaneira y Órgiva. Un millón de curvas por carretera de montaña, preciosos pueblos blancos y paisajes increíbles nos acompañarán.
De realizar la ruta más campera, más apropiada para trail ligeras y enduros, saldremos de Trevélez por la misma carretera (A-4132), pero por la otra margen del río Trevélez, hasta llegar a la A-4130, que cogeremos dirección sur hasta que pasado el cruce de Cástaras (A-4128), cogeremos una pista estrecha y pedregosa a la derecha.
Es la que cogimos nosotros, y nos ofreció un buen surtido de estrechas y empinadas cuestas, vadeos y cerradísimas curvas con tierra suelta, que pusieron a prueba las aptitudes de la nueva Honda Africa Twin, que pasó con nota por todos los impedimentos de la ruta.
Tras el barranco que se abre a nuestra derecha, podremos apreciar en las laderas de los montes que se encuentran frente a nosotros las poblaciones de Atalbeitar, Ferreirola, Fondales… perfectamente encajonadas en la montaña ofreciéndonos imágenes que las fotos difícilmente pueden acercarse a describir.
La pista se mantiene estrecha, con vegetación que en ocasiones le quiere ganar terreno y con algunos giros cerrados que obligan a girar la dirección a tope y equilibrar con el cuerpo. Más adelante, empezaremos un largo descenso, plagado de giros de 180º y con profundas roderas.
Tras el largo y lento descenso, llegaremos al río Guadalfeo, que vadearemos y poco después, tras pasar bajo frondosos bosques nos encontrarnos con un impresionante macho de cabra montés en nuestra pista, que lejos de huir por la escarpada montaña, nos acompañó “guiándonos” por la pista un largo rato hasta que, delante de nuestras narices “desapareció” tras una curva.
Al acercarnos a Los Agustines, accederemos a la carretera GE-4202 que entre huertos y paredes de piedra nos llevará hasta Órgiva, municipio más poblado de toda la comarca de la Alpujarra Granadina y su capital.
Órgiva, donde habíamos pernoctado la noche anterior, ha sido identificada como la colonia griega de “Exoche”, mencionada por el geógrafo Ptolomeo, aunque las primeras referencias escritas de esta villa aparecen en los escritos de al-Udri (siglo XI) y al-Idrisi, (siglo XII), con los nombres de Yuz Aryuba y Hisn Orgiva respectivamente.
Durante el reinado nazarí tomó el nombre de Albastch, que significa “llano”, y durante varios siglos se la llamó Albacete de Órgiva.
En 1492 fue cedida por los Reyes Católicos a Boabdil como lugar de retiro, luego pasó a ser dominio del Gran Capitán y finalmente pasó por los señoríos del duque de Sessa, los Córdoba y Ayala, el marqués de Valenzuela y de los condes de Sástago. Por disposición de la Reina Isabel II es cabeza de partido desde 1839.
Destaca, tanto desde cerca como desde la distancia, la Parroquia de Nuestra Señora de la Expectación, que cuenta con una gran portada y un magnífico retablo barroco del siglo XVI y dos agudas torres gemelas. En ella se venera la imagen del Santo Cristo de la Expiración, una talla de la escuela de Martínez Montañés en madera de cedro.
Saldremos de Órgiva hacia el sur por la A-348 hasta llegar al cruce de la A-346, que cogeremos a la derecha, en dirección a la autopista A-44 y Vélez de Benaudalla.
Antes de llegar a la altura de la autopista, y tras haber parado a realizar unas fotos del Embalse de Rules, dejaremos la carretera y cogeremos una pista que sale a nuestra izquierda ascendiendo por la montaña, la pista en principio es apta para cualquier Trail, pero las recientes lluvias nos muestran más adelante varios tramos muy rotos, llenos de piedras arrastradas por el agua que desaconsejan realizarla salvo que estemos muy seguros de nuestras capacidades.
En ciertas partes de la pista, la vegetación está ganándole el terreno a esta, por lo que sería muy recomendable pasar por ella de manera continua para mantenerla abierta de cara a los servicios de emergencia y por ofrecer unas impresionantes vistas de la Presa de Rules, en nuestro camino hacia Vélez de Benaudalla.
Situado en las últimas estribaciones de la Alpujarra Granadina, sobre una suave ladera y una pequeña llanura que deja a sus pies el río Guadalfeo, Vélez de Benaudalla está adscrito ya a la comarca de la Costa Granadina.
El antiguo núcleo poblacional se fue desarrollando a partir de la protección que ofrecía la fortaleza que lo domina y se divide básicamente en tres barrios: El Barrio Antiguo, que mantiene su trazado originario en lo que se refiere a sus calles, estrechas, con trazados irregulares que la convierten en un pequeño laberinto donde se intercalan callejones angostos con vías sin salida, característica del urbanismo potenciado por sus anteriores habitantes árabes durante la ocupación de estos territorios.
El Barrio de la Vega, construido como su nombre indica sobre los terrenos que componían una estrecha franja de suelo cultivable, sobre una breve terraza que domina el curso del río Guadalfeo; y El Barrio Nuevo, más amplio que los dos anteriores y donde se encuentra casi la totalidad de los equipamientos de los que dispone el pueblo.
Tres son los principales reclamos arquitectónicos de Vélez, El Castillo de los Ulloa, situado sobre un promontorio rocoso, dominando todo el casco urbano.
Se trata de una torre de 7 lados irregulares cuyos muros se apoyan en taludes muy pronunciados; El Jardín Nazarí (también llamado el Jardín de los Sentidos), declarado BIC, es junto con el Generalife el único jardín islámico de estas características que se conserva en Europa. Se distinguen 4 elementos: Jardín, Casa, Molino y acequia; La Iglesia del Rosario, situada en la Plaza Constitución, frente al Ayuntamiento. Fue declarada monumento histórico artístico en 1982. Desde el siglo XVI existió una iglesia mudéjar con armadura de tirantes que fue arruinada por un incendio en 1636. No fue hasta el siglo XVIII que se construyó, proyectada por Ventura Rodríguez y terminada en 1.786, como una iglesia neoclásica, de las primeras que se trazaron en el antiguo reino de Granada.
Finalmente, accedemos a la carretera a la altura de Velilla y por la N-340 llegaremos hasta La Herradura, donde nos iríamos a dar buena cuenta de una fritura y una parrillada de pescado para hacer honor al Mediterráneo, a la ruta recién realizada y a la gastronomía local, que todo hay que decirlo, además del excelente pescado y marisco, ofrece lo mejor de la huerta granadina y como costa tropical que es, un impresionante abanico de frutas exóticas como las chirimoyas (no hay que olvidar que Almuñécar es una de las principales exportadoras de este fruto al resto del mundo), mangos, papayas, nísperos, aguacates o guayabas.
La foto junto a la moto, sentados en la playa y disfrutando de los rayos del sol y la brisa mediterránea, fue la guinda para una ruta que nos ofreció pistas, solitarias carreteras, vadeos, montañas, playas y una variada y completa gastronomía que harán disfrutar al más exigente de los comensales.
No está nada mal para una jornada de moto.
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